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OPINIÓN: Los demócratas pondrán a prueba al presidente Trump en las urnas

By Lawrence C. Levy Nota del editor: Lawrence C. Levy es rector ejecutivo del Centro Nacional de Estudios Suburbanos de la Universidad Hofstra; fue columnista y editorialista del periódico estadounidense Newsday. Ha cubierto siete elecciones presidenciales. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — Si los demócratas quieren recuperar poder en Washington, tienen que comenzar en los sitios que han aportado el voto decisivo en las elecciones presidenciales y parlamentarias: los suburbios de Estados Unidos.

La gente de los suburbios es el bloque electoral más grande, pero el menos predecible. No solo le abrieron las puertas de la Casa Blanca a Donald Trump, sino que aportaron los márgenes decisivos en las elecciones a la Cámara de Representantes y al Senado que garantizaron la mayoría republicana en el Congreso, clave para cumplir los objetivos de una agenda republicana conservadora.

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Las elecciones especiales que se llevarán a cabo el 18 de abril en el 6º distrito legislativo de Georgia será la prueba de fuego de los partidos ante los habitantes suburbanos indecisos en una zona que refleja los cambios demográficos y sociales que han vuelto más competitivos a muchos suburbios.

Como ocurre con muchos de los suburbios del país, el 6º fue tan confiablemente republicano por tantos años que el representante más reciente, Tom Price (quien dejó su escaño para volverse secretario de Salud Y Servicios Humanos), se postuló al cargo sin oposición en 2004 y en otras ocasiones ganó con el 70% de los votos o más. Este distrito engendró a Newt Gingrich, quien encabezó una efímera “Revolución Republicana” en oposición a Bill Clinton en 1994, que a pesar de todo fue precursora del éxito actual del partido.

Lo que los suburbios dan un año o incluso en una temporada política, lo quitan sus electores independientes e indecisos en otra temporada. Tanto republicanos como demócratas lo han aprendido por las malas a lo largo de los años y usualmente después de ganar en grande en año de elecciones presidenciales.

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Como podemos ver en Georgia, mucho antes de las elecciones intermedias de 2018, los republicanos pudieron ver los indicios de lo que significarían los índices de aprobación históricamente bajos de Trump… y el repentino auge del activismo demócrata.

Esta no es solo una cuestión de presagiar victorias electorales, sino de medir el apoyo del público (o su oposición) a los cambios totales y fundamentales. Los proyectos y las políticas chocaron a mediados de marzo en el intento desastrosamente divisivo del Partido Republicano por lograr la singular hazaña de revocar una importante ley social al “abrogar y reemplazar” a Obamacare.

Este esfuerzo, con el que tanto el partido como el presidente quedaron como incompetentes y crueles, dañó la imagen de los republicanos ante los independientes (muchos de los cuales viven en los suburbios) e incluso ante algunos de sus principales partidarios.

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Gracias a ello, los demócratas tienen aún más energía.

Un triunfo en Delaware

A finales de febrero, los demócratas ganaron una carrera electoral clave en el estado de Delaware y aprovecharon la oleada de ira anti-Trump para conservar el control de la cámara alta del estado. Los demócratas de todo el país estaban particularmente emocionados con la participación extraordinaria en este distrito sumamente suburbano (dos veces más la usual para unas elecciones especiales fuera de temporada), así como por el margen por el que ganaron: 10 veces más alto que el de noviembre pasado.

Sin embargo, algunos republicanos no consideran que la victoria en Delaware sea un avance demócrata porque este distrito se perfilaba para que ganara un demócrata.

Sin embargo, los resultados de noviembre pasado en el 6º distrito de Georgia dejaron ver al Partido Republicano los problemas que había en el que solía ser su paraíso. Trump ganó por poco en ese distrito y su desempeño fue relativamente malo (como ocurrió en la mayoría de los suburbios del país) entre los electores más prósperos y bien instruidos, que fueron menos susceptibles al atractivo populista de Trump.

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A Trump también le fue mal con los electores de las minorías de este distrito, tales como los asiáticos, quienes se sintieron desilusionados con su postura antiinmigrante. Ganó apenas en este distrito, como ocurrió en muchos estados, y tuvo mucho apoyo del proletariado blanco de las comunidades suburbanas.

Aunque Price ganó la reelección por más de 10 puntos, fue una de sus peores actuaciones. Es esa clase de cifras, así como la antipatía sin precedentes que algunas partes del electorado sienten por el nuevo comandante en jefe, lo que da a los demócratas esperanzas de recuperar un escaño que perdieron hace décadas.

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